Esta novela de Delphine de Vigan es lo que yo califico como un libro bonito. Todo sentimientos, tan profundos, tan sencillos y tan bien narrados que te llegan al alma.
Este maravilloso libro va más allá de la vejez, de cómo una anciana pierde la capacidad para expresarse: no recuerda las palabras que necesita en cada momento.
Va más allá de tener una deuda, pero una deuda de las de verdad; agradecer a quienes te salvaron la vida, te cuidaron, amaron y te protegieran desde niña, y ya no cuentas con el tiempo ni las palabras justos para saldarla.
Esta novela va sobre las personas llenas de bondad que regalan cariño a los ancianos, su tiempo y su atención. Trata de los sentimientos, de la vida y de la muerte.
Sus diálogos, recuerdos y descripciones son maravillosos, a través de estos instrumentos la autora crea una atmósfera de ternura y de paz con la que logra transmitir al lector las mismas emociones que la anciana protagonista inspira en su logopeda y su vecina.
Este libro va de lo urgente que es dar la gracias. Siempre y cuanto antes.
Cuando lo cierras, pasas unos minutos llorando. De emoción, y también, porqué no, de gratitud hacia Delphine de Vigan por este libro.
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