lunes, 10 de junio de 2019

‘La red púrpura’

La segunda entrega de la primera novela de Carmen Mola pide a gritos una tercera parte. Sigue el mismo ritmo, las aventuras de la inspectora y los despiadados crímenes que debe investigar. 




La inspectora Elena Blanco ha vuelto con La red púrpura, y se mantiene fiel a sus dosis de grappa, su amor al karaoke y a la búsqueda infatigable de su hijo.

Mientras lo busca, se encuentra con una red de apuestas inhumanas, con criminales sin perjuicios y con las víctimas de tales barbaridades. 

Alrededor de Elena Blanco se mantienen los personajes secundarios que integran el equipo de la Brigada de Análisis de Casos, con sus vidas, sus pasiones, sus dramas y sus historias, que llenan de vida la novela y colaboran en la creación del personaje de la inspectoa de la BAC.

Igual o mejor que La novia gitana era difícil. Porque se trataba de un novelón negro, sorprendente, alucinante y que daba un paso más en el suspense, por eso lees La red Púrpura.  
Porque su predecesora es buenísima, porque te deja sin aliento, porque cuando lo acabas quieres más; más sobre Elena y más sobre su hijo. Y porque crees que será igual de buena que la primera. Pero no. La red púrpura no iguala a La novia gitana. Está bien, pero no tanto. 
Carmen Mola deja una vez más el final abierto; ya leeremos qué tal la tercera.  

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